Otro tema importante es el referente a la disputa por el método, en donde se pone de manifiesto la lucha por definir el ámbito propio de las ciencias sociales, por supuesto en contraposición con las ciencias naturales; culminando en el dualismo metodológico, que se consolida con Max Weber en 1922, quien concluye que se puede escribir historia desde puntos de vista muy diferentes pero igualmente aceptables. No obstante, en las primeras décadas del siglo XX se impone el monismo metodológico, a raíz del éxito de las ciencias empíricas, que encuentran su origen en el neopositivismo del Círculo de Viena y cuya tesis se resume: la ciencia se propone explicar eventos y no comprender el significado que puedan tener para quien los viva o los realice.
Posteriormente, Hempel acepta que el historiador o el sociólogo no tienen que postular leyes y Kuhn introduce lo social en el corazón de la epistemología. Las ciencias sociales imponen su presencia en el campo científico, retornamos al “dualismo metodológico”. Finalmente, la historia como punto de convergencia de las ciencias sociales, se propone reconstruir el espacio fragmentado de las ciencias sociales.
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